viernes, 14 de junio de 2013

Llegar a otra persona nunca es fácil




Quizás lo que decimos no sea tan importante porque el corazón siempre habla entre líneas. Probablemente nada sea casual y cada risa oculte un me alegra oírte, cada saludo un me haces falta, cada despedida un no te vayas.

Llegar a otra persona nunca es fácil: cargar tu equipaje (ese que siempre recordabas más liviano), calcular los espacios, adivinar en cuál de tantos putos rincones pueden hacerte sitio. Saber que ya has andado ese camino sin éxito alguno antes; descubrir que mientras más veces lo recorres, más corta se te hace la distancia... pero igual te cansa.

Probablemente todo sea casual. El amor, cuando arde, termina siempre hecho cenizas.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El tiempo es el talón de Aquiles de todos los seres mortales



Inspeccionaba mi figura frente al espejo desde todos los ángulos posibles antes de decidir que me veía lo suficientemente decentica para salir al mundo. Fue justo mientras observaba ese vacío existencial que se forma en todos mis pantalones (el que intenta llenar sin éxito alguno mi pequeño traserito), cuando puedo jurar que te escuché preguntarme, con la misma jocosidad de siempre: "¿Falta nalga o sobra tela?"

Y te dediqué una sonrisa, aunque supiera que no estabas ahí. Aunque tu voz se esfumara, y con ella el recuerdo.

"Sobra tela" - solía responderte - "¡Y un día voy a vender toda la tela que me sobra y me haré millonaria!"

Entonces estallabas en risas, me abrazabas y le decías a quien sea que estuviese presente que cuando yo creciera me convertiría en una mujer hermosa y elegante. "¡Esta va a ser la más linda!", anunciabas.

Sospecho que en el fondo sabías, que lo leías clarito a través de mis pupilas: no me sentía suficiente. Pero de tú tanto repetir que yo sería tal o cual cosa, que a mí solo había que darme tiempo... empecé a creerme que eventualmente crecería hasta dar la talla.

Lo que no entendí hasta hace poco es el hecho de que si reconociste todas esas virtudes era porque ya estaban en mí. Era tan suficiente en aquel entonces como lo sigo siendo ahora.

Sin embargo, el tiempo es el talón de Aquiles de todos los seres mortales. Y no me dio el chance de contarte estas cosas, te aseguro que en su momento no me permitió entenderlas siquiera. Uno vive al margen del tiempo. Uno cree que tendrá la oportunidad de agradecer, de decirle al otro todas las formas en que su tacto nos ha marcado, confesarle la manera en que cualquier gesto de amor se nos anidó en el alma.

Mas sé que cuando los días pasan no consiguen llevarse todo, siempre algo nos dejan.

Después de tantos años le sigue sobrando tela a mis pantalones.
Y también le sigues faltando tanto a este corazón.

domingo, 5 de mayo de 2013

No existe otra forma de crecer, salvo alejarse de la raíz.

"Es el momento de crecer sabiendo bien la raíz
y de abrazar el tallo de otra rama,
Es el momento de crecer por dentro y fuera de ti
y de entender el fuego de otra llama..."





Me cuesta abandonarme al cambio, pero mientras permanezca rehusándome a ver el miedo a la cara no podré notar que no es tan grande como lo imagino, que lo puedo vencer de un zarpazo, que seré valiente en la medida en que siga creciendo hasta ser mayor que mis miedos.

Y crecer duele. Lo sé porque lo he sentido incontables veces, este crujir en los huesos, este tirón en el alma. Ya he aprendido que para que la mejor parte de mí nazca, otros pedacitos míos tienen que morir. Sin embargo, cada vez me entristece enterrar mis antiguas versiones, cada vez me cuesta alimentar esas partes mías que siguen siendo una niña.

No dejo de preguntarme por qué estoy obligada a agrietar el suelo que me rodea, a lastimar tanto sin quererlo, a abandonar el terreno que conozco. Y el tiempo a veces me da la respuesta, por un instante me doy cuenta que no existe otra forma de crecer, salvo alejarse de la raíz.

Crecer es también tropezar, ensuciarse los pies mientras caminas. Precisamente porque no es fácil estoy segura de que vale la pena: este andar torpe y sin gracia es con lo único que cuento para dejar mis huellas.

sábado, 4 de mayo de 2013

Sobre ponerse los mismos pantalones que el día anterior y otros pasajes de ida al infierno.

Soy una de esas abominables personas que repiten los mismos pantalones que el día anterior. Sobretodo si son un par de jeans o son negros. Algunas veces lo hago deliberadamente, y otras porque no tengo ni la más mínima idea de lo que me puse ayer hasta que ya es demasiado tarde.

Y no, yo no lavo mis pantalones hasta después de haberlos usado varias veces. Y tampoco me importa que la gente se fije en que también me los puse ayer. Si tú te andas fijando en eso, búscate una vida.

Ayer en la mañana tuve un percance antes de ir al trabajo, en el cual la señora doña mi madre me dijo que me quedaban muy bien mis pantalones negros y le contesté que eran los mismos que llevaba ayer. Y su reacción fue algo así como...





Mientras todo el tiempo yo estaba...




Porque de verdad, verdad, verdad, ¿Acaso es ese uno de los pecados capitales y ahora mi alma no tiene salvación? Yo estoy empezando a creer que si ella me hubiese encontrado metiendo droga su reacción hubiese sido menos histérica que enterándose de que decidí ponerme dos días seguidos la misma prenda de vestir; el cual, dicho sea de paso, era negro, estaba colgado fuera del closet y yo no tenía tiempo para sacarle la raíz cuadrada al pantalón que me iba a poner para multiplicarla por 4 y dividirla entre 5.67 para elevarla a la n potencia: Agarré lo primero que vi.

¿Tú te imaginas que la vacuna contra el cáncer esté en la cabeza de una persona que está malgastando sus neuronas poniéndolas a recordar EL PANTALÓN QUE SE PUSO AYER? O peor aún: ¿...el pantalón que OTRO SER HUMANO se puso ayer?

No me joda nadie.

La vida es muy corta para estar preocupándose por esas estupideces. Eso, o yo soy una puerca.

Oink, oink!

viernes, 12 de abril de 2013

Todo lo que se supone que ganas cuando pierdes.

"El mundo es un lugar peligroso y la única cosa 
que podemos hacer por quienes amamos es amarlos."
 -Efraim Medina





Cuando te pedí que si alguna vez te entraban ganas de quitarte la vida me lo dijeras, imaginaba que llegado el momento, en lugar de responderte llena de angustia "no sé qué decir, se me acabaron las palabras bonitas", te contestaría algo parecido a esto:


Existen cosas que no vas a entender, que te parecerán injustas porque en verdad lo son. En ocasiones no podrás ganarle a la soledad y tendrás que rendirte a sus pies. Aunque triunfaras en todas tus batallas, nunca (y necesito que sientas el peso de la palabra nunca, el absoluto infinito que encierra) saldrás ileso de ellas. Siempre te dejarán rasguños, hematomas, heridas abiertas. Esas cicatrices te surcarán la piel para marcar todas las veces que has vencido. Agradece que están ahí, porque un día te flaquearán las fuerzas y necesitarás que te recuerden lo que has ganado.

No es solo experiencia, también es coraje lo que se supone que ganas cuando pierdes. Jamás te intimides por encontrarte en el fondo del pozo, porque las mismas manos con las que ahora te secas las lágrimas, son las que en el pasado te han abierto camino hacia la superficie.

Que sepas que ser incapaz de estar feliz por alguien cuando lo ves alcanzar ese sueño que tanto te está costando no te hace mala persona. Es difícil soportar que nos llueva sobre la cabeza mientras vemos a los demás tendidos al sol. Aun así, inténtalo. La envidia es un monstruo horrible, pero también te servirá para afrontar tus carencias, para descubrir lo que sientes que te falta.

Es inútil prometerte que nunca volverás a sentir ganas de morir, pero te puedo asegurar que eres tan fuerte que no importa cuántas veces tengas que elegir entre rendirte o continuar, seguirás andando; siempre lo has hecho y esta vez no será distinta. Esto sí te lo prometo: Hay un hueco en el tiempo y el espacio hecho a tu medida exacta. Existe un vacío en algún corazón con tu contorno dibujado. Este es tu sitio. Estás aquí porque aquí es donde perteneces, donde encajas, donde el mundo te necesita.

Estos días tienen que pasar para que llegue lo que esperas. Confía en que la hora y el lugar ya están marcados, solo que no lo sabes todavía porque no estás supuesto a saberlo.

Entiende que a través de los años necesitarás perdonar y ser perdonado a cada instante. Quererte a ti mismo significa perdonarte todos los días por no llenar esa brecha que separa quien eres de quien dices ser. Quererte a ti mismo significa también perdonar a los otros, por tampoco saber llenar esa brecha que separa quien quieres que sean de quien en verdad son.

Para estar en paz tendrás que aceptar que no eres un héroe, y está bien que no lo seas: No tienes que serlo. Aun así mereces todo el amor del mundo.

Especialmente tú, que crees que no lo mereces.

martes, 26 de marzo de 2013

Hagamos de cuenta que esto no suena ni un chin patético.



Probablemente debería estar durmiendo ahora; debería estar dormida en vez de estar aquí escribiendo. Debí haber llegado a casa, haberme cepillado los dientes para sacarme el sabor a cerveza de la boca, quitarme el maquillaje y la ropa, meterme en la cama. Debí haber tomado precauciones ante estas espinitas en el centro de mi pecho, que a veces se vuelven colmillos e intentan tragarme viva.

En cambio, me dejé seducir por el abismo. Me tiré de cabeza, me toqué las heridas, me dejé pensar.

Yo quiero ser un unicornio, ¿sabes? Yo quisiera ser positiva y alegre, poder brindarte siempre una sonrisa. Quisiera ser etérea y dejarte volar bien alto... pero por temporadas se me hace imposible, y esta es una de esas temporadas.

De momento solo me pregunto si la demás gente llora como yo, si alguien, aunque sea uno solo de los que estaban conversando animadamente conmigo hace un rato, también se sintió vacío cuando entró a su cuarto; si acaso alguien más se sorprendió a sí mismo esparciendo un poquito de amor para sentir que es bastante.

Algunas veces me gustaría no tener tanto acceso a todos mis rincones interiores, pero sé que la única forma de deshacerme de esta penumbra es iluminándola, aunque la mayor parte del tiempo no me guste lo que encuentro o aun con la luz encendida prefiera cerrar los ojos.

Que difícil se me hace estar constantemente dentro de mí misma. No te imaginas lo que me cansa a veces todo este asunto de ser feliz.

jueves, 21 de marzo de 2013

"Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía."



La poesía es lo más hermoso que jamás me ha pasado en la vida. Me gusta haber crecido alimentándome de metáforas, me enorgullece decir que devoraba los poemas de Nicolás Guillén, Becquer, Borges y Neruda mucho antes de poder entender lo que querían decir sus palabras.

Mis padres la cagaron de mil formas, pero si algo hicieron bien fue llenar mi mundo de palabras, regalarme libros, leerme poemas, y poemas, y poemas. Ya perdí la cuenta de las veces en que unos cuantos versos me han salvado de mí misma. Incluso hubo un tiempo en el cual me sentía más identificada con la palabra poeta que con mi propio nombre.

Creo firmemente en eso de que de poeta y loco, todos tenemos un poco, así es que ¡feliz día internacional de la poesía a todos!


Y para celebrar, comparto el que fue mi primer poema favorito:


Un poema de amor

No sé. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve
sin encontrarla nuevamente.
¿Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma,
un tiempo enorme, enorme, enorme.

Al fin, como una rosa súbita,
repentina campánula temblando,
la noticia.
Saber de pronto
que iba a verla otra vez, que la tendría
cerca, tangible, real, como en los sueños.
¡Qué explosión contenida!
¡Qué trueno sordo
rodándome en las venas,
estallando allá arriba
bajo mi sangre, en una
nocturna tempestad!
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
de saludarnos, de manera
que nadie comprendiera
que ésa es nuestra propia manera?
Un roce apenas, un contacto eléctrico,
un apretón conspirativo, una mirada,
un palpitar del corazón
gritando, aullando con silenciosa voz.

Después
(ya lo sabéis desde los quince años)
ese aletear de las palabras presas,
palabras de ojos bajos,
penitenciales,
entre testigos enemigos.
Todavía
un amor de «lo amo»,
de «usted», de «bien quisiera,
pero es imposible»... De «no podemos,
no, piénselo usted mejor»...
Es un amor así,
es un amor de abismo en primavera,
cortés, cordial, feliz, fatal.
La despedida, luego,
genérica,
en el turbión de los amigos.
Verla partir y amarla como nunca;
seguirla con los ojos,
y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
allá lejos, y aun seguirla
más lejos todavía,
hecha de noche,
de mordedura, beso, insomnio,
veneno, éxtasis, convulsión,
suspiro, sangre, muerte...
Hecha
de esa sustancia conocida
con que amasamos una estrella.

(Nicolás Guillén)



Recuerdo que una noche mi papá me preguntó si sabía cuál era esa sustancia con que amasamos las estrellas... "las lágrimas", me dijo, "cuando uno llora, las luces se ven como si las estuviésemos deformando".

Las lágrimas son esa sustancia conocida con que amasamos una estrella. Después de entender esto nunca más se llora igual.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Creo en la literatura como muchos creen en Dios.



Creo en la literatura como muchos creen en Dios. Creo que la palabra es hacedora de milagros, que en ella reposa un poder creador y destructor inmensurables. Creo en el rito de escribir, de dejarse seducir por las palabras perfectas, de escoger estremecer sobre vibrar; o hacer añicos sobre destrozar. Escribir no impide que la muerte nos disuelva los pasos, pero sí le prohíbe borrar nuestras huellas. 

Creo en el éxtasis que provoca encontrarse en los textos de otros autores. Creo en la dulzura de saber que desde antes de Romeo y Julieta ya se había escrito sobre amor y soledad, que nuestros males son los mismos males desde que el hombre es hombre y posó sus pies sobre la Tierra. Sé que las letras son capaces de colocar a cualquiera frente a su propia alma porque hay palabras que son criaturas de luz, y hay otras endemoniadas... como también las hay dulces, transparentes, devastadoras, cargadas de magia.

Creo en el encanto de los libreros, suelo entrar a una librería como se entra a un lugar sagrado, con la voz queda y la cabeza gacha. Adoro el peso de un libro sobre mi pecho, cargar con un pequeño universo paralelo en el fondo de la cartera y perderme en él cada vez que la tristeza me muerde el cuello, la realidad me rasguña la espalda, o la nostalgia me sopla al oído.

Creo en el perfume que emana de los libros, en la estela que dibuja mi tacto cuando acaricio la portada, en el aleteo de sus páginas amarillas, en la danza de mis pupilas mientras llenan sus símbolos de significado. Igual sé que veintiséis letras y un puñado de signos no dan abasto para describir tantos abismos: el infinito que hay si abrimos los ojos, y el infinito que enfrentamos si los cerramos.

También creo que existe gente traslúcida que llega al mundo todavía más desnuda, completamente desarmada. Seres que emanan del vientre con el alma precipitándose por los ojos, sin llegar a ocupar del todo su lugar dentro del cuerpo. Tienes que creerme porque yo he nacido así, lo juro, con ese defecto de fábrica. Y cuando esta alma tiembla de frío, solo la abrigan las palabras.

martes, 12 de febrero de 2013

A un centímetro sobre el suelo.



Hay mañanas en las que el sol no logra despabilarme. Mi cuerpo anda por ahí tomando café y dando los buenos días, cumpliendo con mis responsabilidades laborales, asintiendo a lo que me dicen, sonriendo como si me importara un carajo. Sin embargo, la gente no se da cuenta de que aún sigo dormida. Ninguno se fija, para mi asombro, en que hay un grupo de duendes danzando sobre mi cabeza y deslizándose por mi cara usando mi nariz como tobogán.

Camino a exactamente un centímetro sobre el suelo, abriéndome paso entre la multitud, y nadie lo nota. Juran que estoy aquí con ellos, podrían meter su mano en el fuego afirmando que ya no duermo tan solo porque mis ojos están abiertos.

Sé que estoy soñando, estoy segura: hay una medusa que flota a mi lado y me sigue a todas partes; cada vocablo que escapa de mi boca se queda pendido de mis labios, cada letra conectada a la otra por un fino hilo de luz; desde mi garganta hasta tus oídos se han hilvanado un montón de palabras que miro y olvido, y vuelvo a mirar.

Mis manos están manchadas con la fluorescente arena de la luna. Con estas manos toco tu cara y ahora la luna brilla en tu piel. Eres la luna. De pronto mis brazos se extienden hacia ti pero esta vez no logran alcanzarte. Permaneces suspendido en el cielo nocturno cual péndulo sidéreo.

Mientras yo camino dormida, fingiendo que desperté.

lunes, 4 de febrero de 2013

14. De mi primer recuerdo y otros motivos para odiar a los payasos.



Ni siquiera estoy segura de que esto haya sucedido en verdad, pero en mi primer recuerdo estoy vestida de payaso. Tengo la nariz pintada con pintalabios rojo y ese olor me molesta. La ropa es suave, el pantalón azul marino con lunares blancos me aprieta en los tobillos.

Es el día de carnaval, y yo quiero que me disfracen como a mi hermano. Pero nadie entendió que el punto de que me disfrazaran era que yo también quería ir, maldita sea. Él es mi hermano: duermo con él, juego con él, ¿por qué no me irían a llevar al carnaval del colegio con él? Porque él sí está lo suficientemente grande para ir al colegio, y yo no. Por eso, tonta pequeñita mí misma, por eso.

Entonces, naturalmente, me dejan; y yo los veo alejarse en el carro desde la marquesina mientras mi frustración aumenta. Mi hermano me mira por la ventanilla con sus ojos inmensos que fueron menguando a la distancia, en tanto yo lloraba, inconsolable, como el peor de los payasos.

Una vez le conté esta historia a mi mamá, pero ella me dijo que no lo recordaba y que ella no es tan cruel para desilusionarme así. Sin embargo, yo creo que sí pasó, lo recuerdo con demasiada nitidez como para que ahora venga a ser un invento mío.

El pedacito que no entiendo es por qué un berrinche insignificante se fue a quedar tan grabado en mi memoria...

A lo mejor porque me forzó a entender que a veces tengo que hacer mi propio carnaval, que la vida no siempre me va a llevar adonde quiero, que está bien negarme a reír cuando no entendí el chiste, que puedo rehusarme a hacer el payaso aunque el mundo insista en ponerme el disfraz.

martes, 29 de enero de 2013

Esto comencé a escribirlo en el dorso de una factura del supermercado.



Continuaré escribiendo a pesar de que mis palabras sean débiles, aunque mueran en el intento de tocarte, aun si sus vagos significados no alcancen a perpetuar el alma de todas las cosas. Mientras tanto seguiré sembrando mi impaciencia para cultivar el arte de mantener la calma. Trataré de ir entendiendo, de a poquito, que el tiempo va a pasar al mismo ritmo aunque desesperada por apurarlo empiece a halarlo por los moños.

El invierno dura exactamente lo que dura el invierno, y a la primavera le vale mierda quién se esté muriendo de frío.

miércoles, 23 de enero de 2013

13. Nómada

“When I am with you, there is nowhere else I’d rather be.
And I am a person who always wants to be somewhere else.”




Sin importar qué tan feliz me encuentre, conservo la certeza de que lo mejor todavía está por llegar. Para mí, el pasto siempre es más verde al otro lado y el paraíso está constantemente a un paso de distancia, eternamente deslizándose bajo las yemas de mis dedos. Entonces permanezco en movimiento, sin descanso, intentando acercarme a algún lado por el placer de alejarme de donde estoy.

No recuerdo cuándo fue la última vez que estuve en un sitio del cual no quisiera irme. Deseo ir a todas partes, sin quedarme en ninguna. Me encantaría encontrar un lugar al que pueda llamar mio, pero cuando me hablan de quedarme para siempre, la palabra "siempre" se me hace tan inmensa que siento que no cabemos las dos.

Entonces emprendo la huida, y de tanto buscar me olvidé de lo que busco, y me pregunto cuántas malditas veces tendré que perderme para poder, finalmente, encontrarme. Me temo que esta enfermedad no tiene cura: dicen que quien no es feliz en donde está, no podrá ser feliz adonde vaya ¿Qué tal si a lo mejor sucede que no pertenezco a ningún lado?

(¿Sabes? Una vez pensé haber encontrado mi hogar en su mirada... pero me aterrorizó la idea de dejar de existir cuando él cerrara los ojos. No puedes convertir a una persona en tu casa, me dije hasta creérmelo.)

Se me hace difícil evitar cuestionarme si acaso estas alas con las que me creo tan libre están realmente atándome al cielo.

Sé que suena triste, pero no lo es.
Tan solo a veces.

lunes, 14 de enero de 2013

Desdibujándote



No eres tú, soy yo. Es mi maldita costumbre de apostarlo todo a causas perdidas, de abrazar sueños, de construir castillos en el puto aire, de empecinarme en querer las cosas cuando están fuera de mi alcance, de armarme de valor para saltar cuando ya no vale la pena, de apreciar la belleza cuando está desdibujándose.

Me ha pasado tantas veces ya... conservé las cartas tan pegadas a mi pecho, que dejé pasar mi turno en la jugada.

Siempre me dejo llevar, por eso raras veces llego adonde quiero.

Lo que quisiera decir, lo que estoy intentando decir es que esta soy yo, tratando de hacer que te quedes.

Probablemente en vano.

Tarde.

martes, 1 de enero de 2013

Vaivén



Creo en la magia del primer día del año. Me gusta respirar el mismo aire de siempre, pero sentirlo distinto.

El mundo sigue igual, sin embargo, la luz bajo cual lo miro cambia y lo transmuta. Me entusiasma ver el futuro a los ojos, no tener miedo. Saber que esto es un vaivén, que todo empieza, todo acaba, todo nos suelta y nos deja seguir.

Adoro la idea de recomenzar,
de engavetar el pasado y dejar que se lo coman las polillas. 

lunes, 3 de diciembre de 2012

12. Carpe Diem.

Each day means a new twenty-four hours. Each day means everything's possible again.
You live in the moment, you die in the moment, you take it all one day at a time...
You try to walk in the light. 





"Volví a soñar contigo." Eso fue lo primero que leí al abrir los ojos.

Hacía tiempo que no me despertaba sin que la alarma interrumpiera mi sueño. En cambio, hoy fue mi cuerpo quien dijo ¡basta! (probablemente porque no aguantaría la pipí ni por un minuto más).

Lo primero que hago cuando despierto es revisar mi celular para ver la hora, y de paso chequear los mensajes/correos/notificaciones que recibí mientras dormía. Aquello de "Volví a soñar contigo" fue uno de esos mensajes. Fue el primero que leí y el ultimo del cual me hice cargo.

Llené mi pozuelo amarillo de café y me senté en el mueble a ver un programa de cocina con mami, todavía en pijama.  Mis días tienen cierta manera de rehusarse a empezar oficialmente hasta que consumo una dosis considerable de cafeína. Al rato mi hermano salió de su habitación y me puso en la tele un show de stand-up comedy y nos pasamos la mañana riéndonos de chistes malos.

Almorcé con mi familia, todavía en pijama. Limpie la cocina y mi habitación, también en pijama.

Quise leer un poco, pero decidí ver una peli para no pensar. Los domingos a veces no me gusta pensar.

Ya eran las cinco de la tarde cuando saqué fuerza interior para bañarme y hacer algo por mi vida. Me puse linda, me pinté la boca de rojo... y fui a misa. (Mayas: 1 - Nadia: 0)

Hace meses que sentía la necesidad de ir a la iglesia. Tenía ganas de sentir por un rato que la vida es más grande que yo, agradecer por todo lo que he vivido este año, pedirle amor al universo, que mi corazón descanse en buenas manos. Este fue el día que me decidí ir a misa con Laleh. Coincidió que este además era el primer domingo de Adviento, tiempo para los católicos de preparación para el nacimiento de Jesús. Después cenamos pizza, tomamos sangría, nos juntamos con unos amigos y blasfemamos contra el Cardenal quizá para restaurar el equilibrio del cosmos.

Gratitud. Siempre me despierto con una o varias palabras aleatorias rondándome por la cabeza. Gratitud fue la de hoy.

Heme aquí al final de este día sabiéndome afortunada. Porque mi respiración la entrecortan incontables carcajadas, porque estoy sana y puedo abrazar a la gente que amo cuando me plazca. Porque siempre como rico y bebo bien acompañada. Porque hasta en la semana más turbulenta encuentro tiempo para hacer las cosas que me encantan. Porque mi corazón es casa de locos, y esos locos me quieren desquiciadamente y hasta hay quienes me mantienen despierta en sus sueños mientras duermo.

La mayor parte del tiempo me cuesta, pero he llegado a entender que la vida es hermosa,
incluso cuando no lo es.

jueves, 29 de noviembre de 2012

10. De mi primer amor y otros disgustos.

“The minute I heard my first love story,
I started looking for you,
not knowing how blind that was.
Lovers don't finally meet somewhere.
They're in each other all along.”
   




Cuando estaba en el maternal odiaba que mis padres tardaran para irme a buscar a la salida, que los gansos no me dejaran arrancarles plumas de la cola, que me pusieran guineo de merienda o se me botara el jugo en la lonchera. Odiaba el día de carnaval, que no me dejaran tomar clases en el mismo curso de mi hermano y que se me entrara arena en los zapatos.

Amaba que me dieran zanahorias para darle a los conejos en recreo, me gustaban los recreos, que los adornos del cabello me combinaran con el color del uniforme, compartir mesa con Andrés y Leo. Amaba las clases de arte, comer crayola o masilla, que me pegaran una calcomanía en la frente indicando que me había portado bien y que la profesora nos leyera un cuento.

También amaba a Guillermo.
Y siempre quise darle un beso, pero nunca más lo he vuelto a ver.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

9. Esperando por un tren que a lo mejor no llegue, y aun si llega nadie sabe adonde va.

Not all those who wander are lost.
 


Todas las montañas de la ciudad se desplegaban ante mis ojos. Estábamos sentados cada uno con una taza de aromática en las manos y hablábamos de un montón de trivialidades que no recuerdo. Empezaba a llover y hacía frío, aunque para mí, que vivo en el medio del Caribe, cualquier brisita que sople en Medellín es suficiente para hacerme tiritar.

En un momento nuestra conversación tomó un giro que me puso sobreatenta. Todos mis sentidos estaban conmigo, tal y como suelen activarse cuando presientes que algo importante está por suceder. Mis sospechas se confirmaron cuando abrió la boca para decirme que yo tenía que intentar volver a imaginar mi futuro. Me dijo algo así como que la vida se encargaría de diseñarme los mapas, pero que era mi trabajo indicarle hacia dónde quiero llegar. Que empezara por saber el qué y me despreocupara por el cómo... y sonaba tan fácil, que el miedo a no alcanzar mis sueños dejó de impedirme soñar. Así sin más.

Cómo espero que sea mi futuro es una respuesta que aún estoy construyendo. Al principio era un tormento ver semejante garabato donde se suponía estuviese un plan de acción para mi vida, pero esto de fabricar un sueño comenzó a ser fascinante cuando entendí que no necesito tenerlo todo resuelto de antemano.

Igual, la mayor parte del tiempo nuestros planes no coinciden con los de la vida. Raras veces terminamos donde queremos, pero sí exactamente donde debemos estar.

La suerte es que donde debemos estar, es siempre un mejor lugar.

lunes, 12 de noviembre de 2012

8. Mi momento más brillante.


We make a living by what we get. We make a life by what we give.
 


Escribiendo esto me di cuenta de algo: los clásicos momentos en que la gente se siente más satisfecha con su vida, para mí no han significado tanto. Cuando conseguí una beca para mis estudios universitarios, cuando contesté la llamada que me notificaba que había sido contratada en mi primer empleo, o el día de mi graduación... simplemente sentí que había hecho lo que tenía que hacer, lo que me tocaba.

Ninguno de esos instantes consiguieron estremecerme, ni llenarme el corazón de alguna satisfacción profunda. Esos logros no son trascendentales en lo absoluto, no causan diferencia en ninguna otra vida que no sea la mía... y yo... yo soy de las que se creyó el cuento de que vivir para sí mismo no tiene sentido.

Nada me hace sentir más plena que saber que tengo cosas para dar, y sobretodo que aún quedan manos para recibirlas. Cada vez que hago algo por mejorar mi entorno (y eso, que hago mucho menos de lo que pudiera) me siento absolutamente satisfecha.

Así y todo, a veces me encantaría encontrar al idiota que dijo que la satisfacción se encuentra en el placer de dar. Nada más lejos de la realidad: el verdadero placer no lo provoca aquello que entregamos, sino la forma en que el otro lo recibe.

Todavía no le he cambiado la vida a nadie, pero son esos pedacitos mios que la gente conserva lo que me hace vibrar, dar saltitos de alegría y lo que me convence de que algo bien debo estar haciendo con mi existencia.

Mi momento más brillante es el que ilumina la oscuridad de otro.

jueves, 18 de octubre de 2012

7. Que si mi signo del zodiaco me pega, etcétera.

Skepsis. I am a true skeptic, born under the noble sign of skepsis,
the sign of the man who knows that all astrology is absolutely
and without reservation the bullest of bullsh*t that ever there was.
 


Empezar por aclarar que yo nunca he creído mucho en esta vaina. Mi mamá y yo somos del mismo signo zodiacal y no nos parecemos en casi nada ni nos pasan las mismas cosas. La única razón por la que veía el horóscopo era porque me daba risa el dramatismo con que hablaba Walter Mercado.

Pero, en verdad, ahora que leí las características de mi signo vía la primera página que me salió en Google, tengo para decir que la pegaron en la mayoría de los casos y que esta descripción se parece bastante a mí:

El carácter de un cáncer es el menos claro de todos los signos del zodiaco. Un cáncer puede ser desde tímido y aburrido hasta brillante y famoso. Los cáncer son conservadores y les encanta la seguridad y el calor de su hogar. (...) La casa de un Cáncer tiende a ser su refugio personal más que un escaparate para deslumbrar a los demás.

Un cáncer entiende que hay momentos para ser sociable y otros momentos para ser solitario. Esto es una de las contradicciones en su carácter. Desde fuera parecen decididos, resistentes, tercos, tenaces, energéticos, sabios y intuitivos. No obstante los que les conocen desde la intimidad pueden ver un tipo de persona totalmente distinto - alguien sensible sobre todo hacia las personas a las que quiere. Los cáncer saben identificarse con la situación de los demás por su gran capacidad imaginativa. A veces son demasiados fantasiosos y pretenden construir su vida según un ideal romántico. Les gusta el arte, la música y la literatura y, sobre todo, los artes dramáticos y la acción.
Los cáncer poseen un talento literario o artístico considerable. Su reto personal consiste en reconciliar su conflicto interno. Por una parte les encanta ser extrovertidos, por otro tienen tendencia a retraerse. Si logran reconciliar ambos lados, son capaces de inspirar todo una generación, sobre todo las personas jóvenes, con sus ideas.

Un cáncer tiene una memoria excelente, sobre todo por acontecimientos personales y recuerdos de su infancia que son capaces de recordar al máximo detalle. Los cáncer viven condicionados por sus recuerdos del pasado y por su imaginación del futuro.
El signo cáncer tiene muchos defectos potenciales. Pueden tener tendencia hacia un desorden, un complejo de inferioridad. Se sienten aludidos con frecuencia, y muchas veces por causas imaginadas sin fundamento real, y les gustan demasiado los halagos de los demás. Son ambiciosos. Pueden cambiar sin dificultad profesión, lealtades e incluso su opinión sobre las personas.

Entonces nada, que la palabra "zodiaco" es tan fea que parece un insulto.

Paz, mucha paz. Pero sobretodo, mucho pero mucho amor.

martes, 16 de octubre de 2012

6. Treinta vainas

Follow your inner moonlight; don't hide the madness.
 

 

1. Mirar las estrellas me emociona tanto que a veces me entran ganas de llorar.

2. El escrito mío mas antiguo que tengo data del 6 de junio de 1999, cuando tenía ocho años. Es un poema sobre lo mucho que deseaba ser escritora.

3. Me gusta dormir abrazada a alguien o, en su defecto, a mi almohada. Me dicen que sin importar qué tan profundamente dormida me encuentre, desde que alguien se acuesta a mi lado, lo abrazo.

4. Como helado por lo menos una vez a la semana.

5. Tengo la manía de empezar a leer un libro el mismo día que acabo otro. Así siempre tengo algo que leer.

6. No tengo idea de lo que quiero hacer con mi vida.

7. He cambiado tanto en los últimos años, que si quien soy actualmente se topara con quien era cuando tenía 18, no nos soportáramos la una a la otra.

8. Intenté dejar el café, pero me entregué al vicio otra vez.

9. Me delineo los ojos con lápiz negro todos los días.

10. Soy miope.

11. A veces me agobia el futuro, la falta de control, no saber cómo me irán las cosas.

12. Me debilitan los hombres altos e inteligentes. Y si a eso le sumas barba o lentes, ya: me enamoré.

13. Siento que, sin importar lo que digan los supersticiosos, el número 13 me trae buena suerte.

14. Desde que descubrí sobre la existencia de otros países en el mapa, he querido viajar por todo el mundo.

15. Prefiero la Coca-Cola a cualquier otra bebida sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, como no me quiero morir joven, solo la tomo los fines de semana.

16. Odio hacer ejercicio.

17. Siempre llego tarde a los sitios. La puntualidad definitivamente no es una de mis virtudes.

18. Soy muy emocional y apasionada. Vivo a través de mis sentidos, lo que me hace un poco temperamental (sobretodo en las mañanas).

19. Me da miedo dormir en una habitación completamente oscura, a menos que esté durmiendo acompañada.

20. Cuando era pequeña mi papá me leía poemas de Nicolás Guillen y Pablo Neruda antes de dormir, eso fue lo que despertó mi amor por la literatura.

21. Brincar de alegría. Hago eso a cada rato. También aplaudo.

22. Es fácil hacerme reír.

23. Me cuesta soltar el pasado. De vez en cuando llegan a mi mente recuerdos dolorosos y me pongo triste aparentemente de la nada.

24. Desconfío de la gente que siempre está feliz.

25. Yo estar y me gusta estar sola. Pero mi mayor miedo es quedarme sola.

26. Me entusiasma la gente auténtica, a la que le da maní lo que yo vaya a pensar de ella.

27. Tengo un prolapso en la válvula izquierda del corazón... pero don't worry, eso suena más grave de lo que es.

28. Cuando sea grande (?) quiero ser como Rania de Jordania.

29. Detesto ver fotos o videos de cuando era niña. No me causan ninguna gracia, ni me traen buenos recuerdos ni me ponen nostálgica.

30. Nunca he roto una piñata.
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